El y Ella  (Boy Meets Girl)El y Ella (Boy Meets Girl)
Joshua Harris
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El y ella se conocen. ¿Y ahora que? ¿Qué ocurre entre "Hola, como estas" y "Si, lo prometo? ¿Cómo encontrar un conyuge para toda la vida, y hacerlo de una manera centrada en Dios, en vez de centrada en ti mismo? El y ella, ofrece un enfoque honesto, romántico y bíblicamente refrescante sobre las relaciones. Cubre el tema del noviazgo con propósito. Habla sobre la amistad y sus posibilidades, y sobre el romance que va acompañado de sabiduría. Unete al chicho que le "dijo adios a las citas amorosas"... y dile si al cortejo.

Boy meets Girl. Now What? What comes between "How do you do?" and "I do"? How do you find a lifetime partner in a way that's God-centered, not self-centered? Boy Meets Girl is an honest, romantic and refreshingly biblical look at relationships. It's about dating with a purpose. About friendship plus possibility. About romance chaperoned by wisdom. Join the guy who "Kissed Dating Goodbye" and say hello to courtship.
     

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Capítulo Uno

EL Y ELLA
SE CONOCEN

Lo que he aprendido desde que
Le dije adiós a las citas amorosas

El reloj marcaba las 5:05 p.m., y para Shannon, su día de trabajo había concluído. Ella disfrutaba su trabajo en la iglesia, pero estaba ansiosa por llegar a casa y disfrutar de un merecido descanso.

Comenzó con su familiar rutina al final de cada día: organizó su escritorio, apagó el computador, regresó a su lugar una foto que había en su librero, tomó el abrigo del ropero y se despidió de sus compañeras. "Adios, Nicole", le dijo a la chica en la oficina adyacente. "Hasta mañana, Helen", fue el saludo a la recepcionista.

Se dirigió a través del silencioso vestíbulo y empujó una de las pesadas puestas de cristal. El viento invernal la hizo la hizo tiritar mientras caminaba por el parcialmente despejado estacionamiento. Subió a su auto usado, un Honda Accord color azul marino, cerrándole las puertas al frío.

Acercó las llaves a la ignición, y entonces hizo una pausa. Allí, a solas, en medio del silencio, brotaron las emociones que había mantenido a raya durante el día. Lágrimas inundaron sus ojos. Inclinó la frente sobre el volante, y comenzó a llorar.

"¿Por qué, Señor?", dijo en voz baja. "¿Por qué es tan difícil? ¿Qué se supone que haga yo con estos sentimientos? Si no proceden de ti, te ruego que los quites".

Yo solía ver desde mi ventana a Shannon, mientras se dirigía hacia su auto al final de cada día. Mi oficina estaba frente al estacionamiento. ¿Qué estará pensando? Me preguntaba a mí mismo. Tenía ansias de conocer más sobre su persona; trascender más allá de nuestras conversaciones corteses como amigos casuales y compañeros de trabajo, y llegar a conocerla íntimamente.

Pero, ¿era el momento adecuado para hacerlo? Mi corazón se había equivocado tantas veces. ¿Podría volver a confiar en mis sentimientos? ¿Mostraría ella interés en mí también?

Desde mi perspectiva, Shannon Hendricks parecía ser una chica alegre, segura y que no se había percatado de mi existencia. Yo estaba seguro de que a ella le gustaba otro chico. Al verla alejarse en su auto, elevé en un susurro mi propia oración. ¿Cúal es tu voluntad, Señor? ¿Será ella la chica para mí? Ayúdame a ser paciente. Muéstrame cuándo es que debo actuar. Ayúdame a confiar en Tí.

¿Cómo iba yo a saber que la chica que se alejaba en el Honda color azul marino estaba llorando, o que yo era la causa de sus lágrimas?

Tres meses más tarde…

Yo tenía veintitrés años de edad, pero mis manos se comportaban como si jamás hubiesen marcado un número telefónico. Tomé mi teléfono inalámbrico como si este fuera un animal salvaje tratando de escapar, y lo intenté otra vez.

Puedes hacerlo, dije animándome.

El teléfono sonó tres veces antes de activarse la grabadora de mensajes. Ella no se encontraba en casa. Hice rechinar mis dientes. ¿Debo dejar un mensaje? La máquina marcó el tono, y me lancé de pecho.

"Hola Shannon, te habla Josh… aaah, Harris".

Yo estaba seguro de que mi voz delató cuán nervioso me sentía. Nunca antes la había llamado a su casa, y tampoco tenía una excusa relacionada con el trabajo o la iglesia para hacerlo.

"Ummm… ¿podrías llamarme cuando tengas la oportunidad de hacerlo? Gracias". Colgué el teléfono sintiéndome muy ridículo.

Sesenta y cuatro agonizantes minutos después de haber llamado estuve analizando si el mensaje que dejé grabado sonaba imperturbable y tranquilo. Entonces sonó el teléfono. Respiré profundo y contesté.

Era Shannon

"Hola, gracias por devolverme la llamada. ¿Cómo estás?"

Hablamos varios minutos sobre su día, y tratamos con todas nuestras fuerzas de tener una conversación "común y corriente", a pesar de que ambos sabíamos que mi llamada telefónica era la cosa menos común y corriente del mundo. Finalmente llegué adonde quería llegar y le pregunté si al día siguiente podíamos reunirnos después del trabajo en la cafetería Einsteins. Y ella dijo que sí.

Y, antes de colgar, compartí con ella una ambigua explicación sobre la razón de ser de nuestra cita. "Necesito hablarte… sobre un chico que conozco, y que está enamorado de tí".

Buenas preguntas

Quizá para la mayoría de las personas la llamada telefónica que le hice a Shannon no parezca ser nada del otro mundo, pero para mí, era algo monumental.

¿Por qué? Porque cinco años atrás yo había dejado de salir a citas amorosas. Sé que esto les puede sonar extraño, pero permítanme explicar. Yo había llegado a la conclusión de que el estilo de vida caracterizado por relaciones a corto plazo era un impedimento para servir a Dios como joven soltero. Y aunque no dejé mi vida social ni dejé de tener amigas, y tampoco perdí mi deseo de algún día casarme, sí, le dije adiós a las citas amorosas.

Esta nueva experiencia estaba diametralmente opuesta a mi estilo de vida pasado. A mí siempre me gustó coquetear, y vivía entregado a la emoción del romance. Para mí, rechazar el jueguito de los amoríos y las citas representaba un cambio sísmico.

Mi cambio de perspectiva comenzó después de haber terminado una relación con una chica con la que había estado saliendo por dos años. Nuestra relación era un área de mi vida que yo había rehusado someter al señorío de Cristo. Cuando la relación terminó, El comenzó a mostrarme cuán egoísta yo era. Había usado a la chica para satisfacer mis propios deseos pecaminosos. Y aun cuando no llegamos a consumar nuestra relación, yo había sido el causante de hacer que ella participara en una relación física pecaminosa. La herí. Y quebranté muchas promesas.

Por primera vez en mi vida, comencé a cuestionar cuál era el efecto de mi fe cristiana sobre mi vida amorosa. Tenía que haber algo más aparte de: "no tengas relaciones sexuales" y "sólo puedes salir con jóvenes cristianas". ¿Qué significaba verdaderamente amar a una chica? ¿Cómo se sentiría ser verdaderamente puro, en mi cuerpo y en mi corazón? Y, ¿cómo quería Dios que yo invirtiera mis años de soltero? ¿Era este un tiempo dedicado únicamente a exponer las chicas a una prueba romántica?

Lentamente, y a pesar de mi resistencia, Dios comenzó a quitar capa tras capa de pensamientos erróneos, valores y deseos equivocados. El cambió mi corazón. Y al ir cambiando mi corazón, me percaté de que mi estilo de vida también tenía que cambiar.

A los veintiún años de edad, escribí mi experiencia en el libro titulado Le dije adiós a las citas amorosas. Mi anhelo era retar a otros jóvenes solteros para que reconsideraran a la luz de la Palabra de Dios la manera en que corrían tras el romance. "Si en realidad no estamos preparados para establecer un compromiso, ¿cuál es la razón entonces de involucrarnos en una relación romántica, íntima?" E hice la siguiente pregunta: "¿Por qué no disfrutar de una amistad con el sexo opuesto, pero hacer uso de nuestras energías como jóvenes solteros para servir a Dios?"

Sorprendentemente, Dios proveyó una casa editora dispuesta a imprimir mi libro con un extraño título. Y para sorpresa de todos, el libro se vendió. Resultó ser que además de mí, también había muchas otras personas que estaban reflexionando sobre este asunto del romance. He recibido miles de mensajes por correo electrónico, tarjetas y cartas de solteros, de todas las edades, de todo el mundo. Todos desean compartir sus historias, hacer preguntas y solicitar consejos.

Al ir llegando las cartas por montones, pude reconocer que inmerecidamente, Dios había usado mi libro para ayudar a varias personas, pero que también había creado un sinnúmero de preguntas.

Por ejemplo: Si no participas en citas amorosas, ¿cómo entonces vas a terminar casado? Una chica escribió: "Deseo evitar los escollos que nuestra cultura ha implantado respecto al asunto del romance, pero, ¿cómo puedo intimar con un chico lo suficiente como para estar segura de que deseo casarme con él? ¿Qué relación existe entre la amistad y el matrimonio?"

El tema principal de Le dije adiós a las citas amorosas fue: "Si no estás preparado para el matrimonio, no te involucres en el romance". Pero ahora mis colegas solteros preguntan: "¿Cómo puedes saber si estás preparado para el matrimonio? Y una vez estés preparado para el matrimonio, ¿qué debes hacer?"

Honestamente hablando, yo no había llegado a una conclusión sobre estos asuntos. Mi intención nunca fue llegar a ser un experto en relaciones. Las mismas preguntas que mis lectores hacían, eran las mismas que pesaban sobre mi corazón.

Y esta es la razón por la cual mi llamada telefónica a Shannon, era un asunto tan importante para mí. Yo había llegado hasta un punto donde me sentía preparado para enfrentarme al matrimonio, y me sentía muy atraído hacia ella. ¿Y ahora qué? Por cinco años, yo había experimentado la fidelidad de Dios al decidir no involucrarme en el romance; ahora daba los primeros pasos hacia lo desconocido, confiando que El continuaría siendo fiel al yo decidir ir en busca del romance.

El chico que le "dijo adiós a las citas amorosas", estaba a punto de "extenderle un saludo al cortejo".

*****


 
Extracto de "El y Ella"
por Joshua Harris
Editorial Unilit, 2002
Todos los derechos reservados.